Los carnavales suelen ser fiestas muy populares en nuestros pueblos. Pero la modernidad se ha encargado de hacer florecer en ella un fuerte espíritu de mundanidad y rechazo de Dios. Los cristianos, conscientes de este problema, debería evitar participar en estos eventos que ofenden a Dios, debilitan la virtud y nos dan una idea totalmente equivocada de la realidad, de la recreación sana y de la alegría.

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