El ocio o tiempo libre es el tiempo en el cual concedemos descanso al cuerpo de las obras externas, y también es el tiempo en que concedemos descanso al alma de las obras que la mantienen tensa. En esta sociedad en la que el trabajo intelectual se hace cada vez más exigente, el ocio es también más necesario.

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Seguimos a Santo Tomás de Aquino en su Suma de Teología, II IIae, c. 168:

Dice el Aquinate que las cosas que hacemos son deleitables para nosotros porque son apropiadas a nuestra naturaleza, con lo cual, tanto nos deleitan más cuanto más propias son de nuestra naturaleza racional. Aquí incluimos todo lo que el hombre puede hacer en este mundo como hombre: trabajo, familia, estudio, amistades.

Sin embargo, aunque el trabajo es cosa buena, y dignifica al hombre, sin embargo, si el hombre sólo se dedicase a trabajar esto le sería penoso y le cargaría de tristeza. En este sentido: el ocio, el juego y otras cosas que se refieren al descanso, son deleitables en cuanto quitan la tristeza que resulta del trabajo”.

Sigue diciendo el Aquinate que hay que evitar tres cosas en cuanto a los juegos:

  1. La primera y principal, que este deleite se busque en obras o palabras torpes o nocivas. Al respecto dice Cicerón, en IDe Offic., que hay juegos que son groseros, insolentes, disolutos y obscenos.
  2. En segundo lugar, hay que evitar que la gravedad del espíritu se pierda totalmente. Por eso dice San Ambrosio en I De Offic.Cuidémonos de que, aligerando el peso del espíritu, no vayamos a perder la armonía formada por el concierto de las buenas obras. Y también Cicerón dice a este respecto, en I De Offic., que así como no permitimos a los niños cualquier clase de juegos, sino sólo una recreación honesta, procuremos también que en nuestro juego haya una chispa de ingenio.
  3. En tercer lugar hay que procurar, como en todos los demás actos humanos, que el juego se acomode a la dignidad de la persona y al tiempo, es decir, que sea digno del tiempo y del hombre, como dice Cicerón en el mismo pasaje.

Todo esto se ordena mediante las reglas de la razón.

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  1. Martín Lezme

    Recomendado (Y).

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