La Vestimenta Indica La Intención Del Corazón Femenino

¿Ya pensaste que nuestra forma de vestir influye en los demás? Quizá nunca te hayas planteado esta pregunta, pero la cuestión va aún más allá: nuestra ropa influye en nosotras mismas y en el modo como comprendemos nuestro lugar delante de Dios.

¿Acaso no importa sólo lo interior? Sin embargo, el exterior debe hablar de lo interno y viceversa y así seremos personas más coherentes.

¿De dónde me viene mi dignidad de mujer?

Mi dignidad de mujer no me viene de lo que yo puedo o no hacer, ni de que tenga los mismos derechos que el varón. Al contrario, mi dignidad femenina me viene de algo que sólo como mujer puedo tener: la maternidad. Esa maternidad, que es potencial –pues no todas las mujeres llegarán a ser efectivamente madres– es lo que nos da a nosotras nuestro carácter “casi sagrado”: somos colaboradoras con Dios en la obra de la creación con cada hijo que traemos al mundo.

¿Cómo debo cuidar y hacer respetar esa dignidad?

Por la maternidad nuestro cuerpo femenino está reservado a Dios y, si así es su voluntad, al hombre que nos prometa amor perpetuo. Nadie más tiene derecho a este cuerpo, ni siquiera a mirarlo. Por eso, la tradición católica siempre cuidó el cuerpo femenino con la virtud del pudor invitando a las mujeres a guardarlo con ropas adecuadas, aunque siempre elegantes. ¡Qué edificante es vernos a nosotras mismas guardando diligentemente este cuerpo que es templo de Dios!

¿Cómo perdemos el cuidado por esa dignidad?

Lastimosamente, muchas han perdido ese cuidado por el templo de Dios –el cuerpo femenino–exponiéndolo a la vista pública con ropas inadecuadas: ajustadas, cortas y provocativas; y así no sólo han perdido el respeto por ellas mismas, sino que atrajeron las miradas impuras de varones superficiales y faltos de virtud. Después esas mismas mujeres se quejarán de que ya no encuentran varones dignos y respetuosos. Muchas dirán: No es mi problema que esos hombres me miren. Pero grande será su sorpresa cuando Dios les pida cuentas por las veces que hicieron caer en pecado con sus ropas inadecuadas.

¿Importa la forma como me visto? ¿No importa más lo interior?

Es cierto: importa en primer lugar mi interior. Sin embargo, ¿no dijo Jesús que de la abundancia del corazón sale al exterior? Entonces, un interior casto, debe expresarse con un exterior también casto. Las mujeres que en su interior se respetan y resguardan su alma del pecado, también procurarán hacer todo lo posible para resguardar su cuerpo del pecado.

¿Y el velo en la Misa? ¿Hace alguna diferencia en las personas?

En la Liturgia, todo lo que es importante y sagrado se cubre con un velo. Así el sagrario, el cáliz antes de la Misa, el copón con las Hostias consagradas y aún el mismo sacerdote celebrante con sus vestimentas sagradas. Como la mujer tiene una gran dignidad por su maternidad, entonces el velo es el mejor modo de simbolizar esa altura y honra femenina.

¿Es obligatorio el uso del velo?

El uso del velo antes era obligatorio. Sin embargo, desde mediados del 80´ se hizo opcional, y con eso se dio a las mujeres la oportunidad de usarlo ya no como algo forzoso, sino como una convicción de su dignidad.

¿Y la vestimenta en la Misa?

Debemos recordar que no somos solamente espíritu, sino que también tenemos cuerpo, y por eso somos una unidad inseparable entre cuerpo y alma. Nuestro exterior debe combinarse con el interior; y así nuestra alabanza interna de adoración debe ser seguida por nuestra ropa exterior que manifiesta esa entrega a Dios que siempre nos caracterizo de modo particular a las mujeres.

 

Si no puedes vestir indecentemente en la Misa,
tampoco puedes hacerlo en la calle.

Mujer, reconoce tu dignidad
imitando a la Santísima Virgen María,
la bendita entre todas las mujeres.

Artículo preparado para un tríptico
publicado por la Pastoral de Juventud
de la Diócesis de Ciudad del Este. 2012.

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